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Uruguay impulsa la recuperación metálica como eje de su política de sustentabilidad

En tiempos en los que la sostenibilidad ambiental se vuelve un imperativo global, Uruguay avanza hacia un nuevo paradigma en la gestión de residuos: la recuperación de materiales metálicos como estrategia clave para reducir la contaminación, ahorrar energía y fortalecer la economía circular.


Aunque el país tiene una tradición en reciclaje informal de metales, recién en los últimos años ha comenzado a delinear políticas públicas que buscan integrar este proceso dentro de un marco regulado, eficiente y ambientalmente responsable.

De la chatarra al recurso estratégico

El metal, en sus múltiples formas -hierro, aluminio, cobre, acero, plomo y zinc-, es uno de los materiales más reciclables del planeta. A diferencia del plástico o el vidrio, puede ser reutilizado indefinidamente sin perder calidad, lo que lo convierte en un insumo clave para la industria sustentable. En Uruguay, la recuperación de metales se ha desarrollado históricamente a través de un sistema informal de acopiadores, chatarrerías y fundiciones, muchas veces sin control ambiental ni trazabilidad.

Según datos del Ministerio de Ambiente (MA), el país genera unas 400.000 toneladas de residuos industriales al año, de las cuales cerca del 25% contiene metales reutilizables. Hasta hace poco, gran parte de esos materiales terminaban enterrados, exportados sin valor agregado o fundidos en condiciones precarias. Pero el aumento del precio internacional del acero y del cobre, sumado a la presión regulatoria sobre la disposición final de residuos, llevó al Estado y al sector privado a repensar su estrategia.


Un marco normativo en construcción

El punto de inflexión se dio con la Ley N° 19.829 de Gestión Integral de Residuos (2019), que introdujo el principio de “responsabilidad extendida del productor” y habilitó la creación de planes sectoriales obligatorios para la gestión de residuos metálicos. En este marco, el Ministerio de Ambiente, junto con la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) y la Intendencia de Montevideo, desarrollan desde 2021 un plan piloto para el manejo sustentable de chatarra metálica industrial, buscando su trazabilidad y reinserción en procesos productivos locales.

Paralelamente, el Plan Nacional de Economía Circular (2022-2030), elaborado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), propone que la recuperación de materiales metálicos sea uno de los ejes estratégicos de la transición hacia un modelo productivo bajo en carbono. El documento destaca que la reutilización de metales reduce en hasta un 75% el consumo energético respecto a la producción primaria, y evita la emisión de miles de toneladas de CO₂ cada año.


El sector privado: de la exportación a la valorización local

Empresas nacionales e internacionales comienzan a invertir en plantas de reciclaje industrial y valorización metálica, donde la tecnología permite separar, clasificar y fundir materiales de manera controlada. La compañía Ducsa, en alianza con emprendimientos locales, desarrolla un programa de recuperación de tambores, bidones y piezas metálicas contaminadas con hidrocarburos, logrando que más del 80% de los componentes se reincorporen al circuito productivo.

Por su parte, el Grupo CCCC, con proyectos en Uruguay y Argentina, impulsa la instalación de una planta de reciclado de baterías de movilidad eléctrica, una iniciativa pionera que permitirá recuperar metales valiosos como litio, níquel y cobalto, reduciendo la dependencia de importaciones y mitigando los riesgos ambientales asociados al desecho de estos componentes.

Asimismo, cooperativas de clasificadores y emprendimientos como ReMet Uruguay o EcoMetales trabajan en la formalización del circuito de chatarra domiciliaria y automotriz, generando empleo verde y promoviendo la inclusión social de quienes históricamente se dedicaron a la recuperación informal de residuos.



Desafíos ambientales y tecnológicos

A pesar de los avances, el país enfrenta varios desafíos. La falta de infraestructura para el procesamiento avanzado de metales, los costos de transporte interno y la escasa articulación entre municipios dificultan una gestión eficiente a nivel nacional. Muchos residuos metálicos, especialmente los electrónicos o industriales peligrosos, requieren tratamientos específicos que todavía no se realizan localmente.

El Ministerio de Ambiente trabaja en la implementación de centros regionales de acopio y clasificación, con apoyo de la cooperación internacional, mientras la UTE y Ancap impulsan programas de recuperación de materiales eléctricos y mecánicos, respectivamente. También se proyecta la incorporación de sensores y sistemas de trazabilidad digital para controlar el flujo de metales desde su origen hasta su reutilización.

En el ámbito científico, la Universidad de la República (Udelar) y la ANII financian investigaciones sobre nuevos métodos de separación electromagnética, fundición con bajas emisiones y reciclaje químico de aleaciones complejas. Estas innovaciones buscan aumentar el valor agregado del material recuperado y posicionar a Uruguay como un referente regional en reciclaje industrial sostenible.



Economía circular y futuro verde

La recuperación de metales no solo reduce la presión sobre los recursos naturales, sino que puede convertirse en un motor económico verde. Según estimaciones del MA, si Uruguay lograra recuperar y procesar localmente el 60% de los metales hoy exportados como chatarra, podría generar más de 3.000 empleos directos y ahorrar unos 25 millones de dólares en importaciones de insumos metálicos cada año.

La sustentabilidad en la recuperación metálica es, en definitiva, una política de Estado en construcción, que combina gestión ambiental, innovación tecnológica y desarrollo industrial. El desafío radica en consolidar un sistema integrado, transparente y económicamente viable, que promueva la participación de empresas, gobiernos locales y ciudadanía.

Uruguay tiene las condiciones -estabilidad institucional, escala manejable y capacidad técnica- para avanzar hacia un modelo circular en el que la chatarra deje de ser desecho y se transforme en recurso estratégico. En un mundo que transita hacia la descarbonización y la eficiencia, la recuperación metálica no solo representa una oportunidad económica, sino también un compromiso con el futuro ambiental del país.


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