Hacia una meta sostenible: Uruguay y el desafío de una alimentación orgánica y sustentable
- Departamento Periodistico
- 14 dic 2025
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En los últimos años, Uruguay ha consolidado una imagen internacional asociada a la producción natural, la trazabilidad y la calidad de sus alimentos.
Avanzar hacia un modelo alimenticio verdaderamente sustentable, capaz de proteger el ambiente, garantizar la salud de la población y fortalecer la soberanía alimentaria es un desafío.
Cada vez más voces -desde organizaciones ambientales hasta productores familiares y académicos- advierten que el país necesita una política integral de alimentación sostenible y orgánica, que articule producción, consumo, educación y salud pública bajo una misma visión.

El país de los alimentos naturales… ¿pero sostenibles?
Uruguay posee condiciones excepcionales: abundancia de agua dulce, suelos fértiles y una baja densidad poblacional que permite prácticas agrícolas de bajo impacto. Esa ventaja comparativa fue la base de su reputación como país “natural”. Sin embargo, el uso intensivo de agroquímicos, la expansión de monocultivos y la presión sobre los ecosistemas han puesto en debate la verdadera sostenibilidad del modelo.
Según datos de la Dirección General de Servicios Agrícolas (MGAP), en la última década el uso de herbicidas, pesticidas y fertilizantes creció más del 40%. En paralelo, las certificaciones orgánicas -aunque en aumento- todavía representan menos del 2% de la superficie agrícola nacional.
Para Lucía Villalba, ingeniera agrónoma y consultora en agroecología, el reto no es solo técnico, sino cultural:
“Uruguay tiene un capital ambiental enorme, pero debe redefinir su modelo de producción. No basta con producir carne trazada o leche certificada; hay que pensar en sistemas alimentarios que sean sostenibles de verdad, desde la semilla hasta el plato”.
El impulso de la agroecología
En 2018, el país dio un paso clave al aprobar la Ley Nacional de Fomento de la Producción con Bases Agroecológicas, que promueve prácticas agrícolas sin agroquímicos y con respeto por los ciclos naturales. Desde entonces, han surgido redes de productores agroecológicos en Canelones, Rocha, Maldonado y Colonia, que abastecen ferias locales y cooperativas de consumo.
Estas iniciativas representan un cambio de paradigma: buscan producir alimentos sanos, cercanos y accesibles, fortaleciendo los circuitos cortos y reduciendo la huella de carbono. El enfoque agroecológico no solo protege la biodiversidad, sino que también revaloriza el trabajo rural y el conocimiento campesino.
No obstante, la expansión del modelo enfrenta dificultades. Los productores reclaman mayor apoyo técnico, incentivos fiscales y políticas de compra pública que prioricen alimentos orgánicos. En ese sentido, varios especialistas proponen que escuelas, hospitales y organismos del Estado incorporen productos sustentables en sus licitaciones, como forma de fortalecer el mercado interno.
Alimentar el futuro
El cambio hacia una alimentación sostenible también implica repensar el consumo urbano. En Montevideo, la Intendencia ha impulsado programas de huertas comunitarias y ferias de alimentos agroecológicos, mientras que en el ámbito educativo surgen proyectos de alimentación saludable y consciente.
La nutricionista Andrea Bentos, integrante de la Red de Alimentación Sostenible del Uruguay, lo explica así:
“Comer es un acto político. Cada elección de consumo tiene un impacto ambiental y social. Promover alimentos orgánicos y locales es apostar a la salud de las personas y del planeta”.
Sin embargo, el costo de los productos orgánicos sigue siendo una barrera. Los expertos coinciden en que el Estado debe garantizar la accesibilidad económica de los alimentos sanos, de modo que no sean un privilegio de pocos sino un derecho de todos.
Innovación y tecnología verde
Uruguay cuenta con un ecosistema de innovación que podría acelerar la transición hacia lo sustentable. Startups del sector agrotech desarrollan sistemas de monitoreo de suelos, sensores de riego inteligente, trazabilidad digital y biotecnología natural que reducen el uso de químicos y mejoran la eficiencia.
En paralelo, la certificación de productos orgánicos y las etiquetas de sostenibilidad ganan terreno, impulsadas por la demanda internacional. Exportar alimentos orgánicos con sello uruguayo no solo abre nuevos mercados, sino que refuerza la imagen del país como productor responsable.
Política y visión de largo plazo
Aunque existen esfuerzos dispersos -leyes, programas del MGAP, iniciativas municipales-, Uruguay aún carece de un plan nacional articulado de alimentación sostenible, que conecte las políticas agrarias con las de salud, educación y medio ambiente.
Expertos y organizaciones sociales proponen la creación de un Consejo Nacional de Alimentación Sustentable, que defina objetivos medibles: reducción del uso de agroquímicos, aumento de la superficie orgánica, educación alimentaria en escuelas y fortalecimiento de las cadenas cortas de comercialización.
De la tierra al plato, un cambio de cultura
El cambio hacia un sistema alimentario sustentable no se logra de un día para otro. Requiere políticas públicas coherentes, inversión en investigación y una ciudadanía informada. Pero también demanda una reconexión con la tierra, con los productores y con los ciclos naturales que sostienen la vida.



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