“Uruguay exporta talento, conocimiento y confianza”
- Departamento Periodistico
- 26 nov 2025
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Entrevista a Martín Bentancur, CEO de la empresa de software SoftSur, sobre el crecimiento de las exportaciones digitales y los insumos no tangibles.
“Exportar software es exportar confianza. Es vender el valor de las ideas, el trabajo en equipo y la palabra cumplida.” señala Martín Bentancur, empresario del sector tecnológico.
En los últimos años, Uruguay se consolidó como uno de los polos tecnológicos más dinámicos de América Latina. Desde Montevideo, Punta del Este o Salto, empresas locales venden software, desarrollos en inteligencia artificial y servicios digitales a Estados Unidos, Europa y Asia. El fenómeno creció al punto de que hoy el país exporta más servicios informáticos que carne o soja, y los llamados “insumos no tangibles” —conocimiento, algoritmos, experiencia y propiedad intelectual— se transformaron en uno de los motores invisibles de la economía.

Martín Bentancur
Para entender cómo se construye ese nuevo modelo exportador, conversamos con Martín Bentancur, ingeniero y director de SoftSur, una empresa uruguaya que desarrolla soluciones en inteligencia artificial y automatización para mercados internacionales.
¿Qué significa exportar “insumos no tangibles”?
Cuando exportamos software o servicios digitales, no estamos enviando cajas ni contenedores. Exportamos ideas, conocimiento y talento. Lo que se vende es la capacidad de resolver un problema con tecnología. Puede ser un sistema para gestionar flotas, un algoritmo que optimiza procesos o un desarrollo que permite predecir comportamientos de consumo. Todo eso es intangible: no se puede tocar, pero tiene un valor económico enorme.
¿Cómo se materializa esa exportación desde Uruguay?
La mayoría de las empresas del sector trabajamos bajo el modelo de servicios remotos. Desde Montevideo o desde el interior, nuestros equipos se conectan con empresas en Estados Unidos, Canadá o Europa, y entregan productos digitales a través de la nube. Los pagos se hacen por licencias, consultorías o mantenimiento de software. Uruguay tiene una ventaja enorme: buena conectividad, capital humano calificado y seguridad jurídica. Todo eso genera confianza, que es el insumo más importante cuando uno vende algo que no se ve.

¿Cuánto pesa hoy este sector en la economía uruguaya?
El software y los servicios informáticos representan más del 3% del PBI, y las exportaciones del rubro ya superan los mil millones de dólares anuales. Pero más allá de los números, lo relevante es que estamos hablando de una industria que no depende de recursos naturales, sino de capital humano. Uruguay pasó de exportar materias primas a exportar conocimiento. Es un cambio profundo, cultural y económico.
¿Qué rol juegan la educación y la formación tecnológica en este proceso?
Son claves. Sin el nivel educativo que tenemos, esto no sería posible. El Plan Ceibal, las universidades públicas y privadas, y las escuelas técnicas formaron una base impresionante de talento. Hoy el desafío no es solo formar programadores, sino también gestores de proyectos, diseñadores, analistas y comunicadores. Porque exportar software no es solo escribir código: es entender las necesidades de otro país, trabajar en equipo y cumplir estándares internacionales.
En los últimos años, Uruguay se consolidó como uno de los polos tecnológicos más dinámicos de América Latina.
¿Qué países demandan más servicios uruguayos?
Estados Unidos es el principal destino, pero también trabajamos mucho con Chile, México, España y Reino Unido. En los últimos años apareció un nuevo mercado muy fuerte: América Latina digitalizada, con empresas regionales que buscan soluciones a medida y valoran la cercanía cultural. Además, Uruguay tiene buena reputación por su estabilidad, su respeto por la propiedad intelectual y su capacidad de cumplir plazos.
¿Cuáles son los desafíos de exportar algo que no se puede ver ni tocar?
La confianza. Cuando uno vende un software, el cliente no puede “ver” el producto hasta que está terminado. Por eso hay que generar relaciones a largo plazo, basadas en transparencia y resultados. También hay desafíos de propiedad intelectual y ciberseguridad, porque los datos que manejamos son sensibles. Uruguay ha avanzado mucho en legislación digital, pero hay que seguir reforzando los marcos regulatorios y éticos.
¿Cómo impactó la pandemia en este modelo?
Fue un acelerador. Lo que antes era opcional se volvió esencial: el trabajo remoto, las plataformas digitales, la automatización. Muchas empresas extranjeras descubrieron que podían contratar equipos uruguayos con la misma calidad que en Silicon Valley, pero con una diferencia horaria y cultural más favorable. Eso abrió un campo enorme. En SoftSur, por ejemplo, crecimos un 40% entre 2020 y 2022 solo con clientes internacionales.
¿Hacia dónde va el futuro de las exportaciones digitales?
El futuro está en la inteligencia artificial aplicada y en los servicios basados en datos. Uruguay tiene el potencial de transformarse en un hub regional de innovación, pero para eso hay que invertir en formación continua, inglés técnico y políticas que estimulen la investigación. No podemos competir con volumen, pero sí con talento, creatividad y ética profesional.
¿Qué le diría a un joven uruguayo que piensa que el software es solo para programadores?
Le diría que el software es una manera de pensar el mundo. Exportar un producto digital es exportar una forma de resolver problemas. Puede venir del diseño, del arte, de la ingeniería o de la comunicación. Los insumos no tangibles nacen de la capacidad humana de imaginar y construir soluciones. Uruguay tiene ese ADN: el de un país pequeño que piensa en grande.



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