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La Embajada de Venezuela organizó un conversatorio para revisar la bibliografía sobre el secuestro de Elena Quinteros


El encuentro se desarrolló en el espacio cultural  principal de la sede diplomática y dio parte a la re- inauguración de la biblioteca que lleva el nombre de Elena Quinteros.


La Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay realizó un conversatorio dedicado a la revisión, ordenamiento y actualización de la bibliografía existente sobre el secuestro y desaparición de Elena Quinteros, ocurrido en 1976 durante la dictadura cívico-militar uruguaya.

La actividad, que convocó a escritores, investigadores, académicos, representantes de organizaciones de derechos humanos ,diplomáticos y público interesado, buscó poner en perspectiva la producción escrita generada en torno a uno de los episodios más significativos y todavía inconclusos de la memoria reciente.

El encuentro se desarrolló en el espacio cultural  principal de la sede diplomática y dio parte a la re- inauguración de la biblioteca que lleva el nombre de Elena Quinteros.

La participación en el panel fue la siguiente.


Ministro Consejero de la embajada de Venezuela, Pedro Sassone que destacó un suceso no conocido en Uruguay,que en el mismo momento que Carlos Andrés Peréz rompió relaciones diplomáticas con Uruguay por el secuestro de Elena Quinteros. En Venezuela ese mismo año su gobierno asesinó a Jorge Rodríguez, líder de la Liga Socialista, fue torturado y asesinado en julio de 1976 mientras estaba bajo custodia de la DISIP, la policía política de la época. La causa oficial de la muerte luego de investigaciones posteriores confirmaron que fue causada por torturas con violencia física ejercida por agentes del gobierno de Carlos Andrés Peréz.

También expusieron Matias Castro escritor del último libro publicado sobre la temática, titulado Maestra Elena Quinteros donde a casi cincuenta años de su desaparición,narra una investigación cargada de vida de la maestra Elena Quinteros, emblema de las mujeres  desaparecidas en Uruguay.

La churrinche girl-scout, la adolescente que soñaba con ser maestra, y el Magisterio que la introdujo en las misiones sociales y en la militancia. La Elena que fue hija, hermana y madre postiza. La docente que se escapaba por la ventana del salón de clases. La anfitriona en la casa y guarida de la calle Municipio. La compartimentada, al borde de la asfixia. La militante que, encarcelada por segunda vez, en un ardid intentó refugiarse en la embajada de Venezuela saltando los muros de bulevar Artigas y Chaná (actual dependencia del Casmu), para ser arrastrada por la fuerza militar y llevada al Infierno Grande, de donde no regresó.


Sara Méndez y Raúl Olivera presentaron su libro Secuestro en la Embajada, libro que investiga, a través de documentos y testimonios, el episodio de secuestro de la maestra Elena Quinteros de la embajada de Venezuela en Montevideo en junio de 1976. Aborda asimismo los mecanismos de impunidad de los involucrados y el procesamiento en 2002 del ex canciller de la dictadura Juan Carlos Blanco, encontrado por la justicia responsable en primera instancia.


Alberto Grille director de la revista Caras y Caretas cerró la oratoria contando que él estaba en ese momento de los hechos refugiado con dos de sus hijos y su esposa más dos militantes de izquierda en la embajada , el día de los hechos.

Narro de primera mano como testigo presencial que fue el atropello a la sede diplomática y los momentos de violencia vividos.

El secuestro de Elena Quinteros continúa siendo un punto crítico tanto para la historia uruguaya como para la diplomacia venezolana. En junio de 1976, Quinteros logró llegar al predio de la embajada venezolana en Montevideo para solicitar asilo, pero fue retirada por la fuerza por agentes del régimen.


El episodio provocó una inmediata protesta del gobierno de Venezuela, que en aquel entonces denunció la violación flagrante del derecho de asilo y rompió relaciones diplomáticas con Uruguay. Varios de los expositores insistieron en que esta dimensión internacional del caso es fundamental para comprender su impacto político y su lugar dentro de la bibliografía sobre derechos humanos en el Cono Sur.

Durante el conversatorio se revisaron títulos clásicos que marcaron los primeros intentos de reconstrucción del hecho, así como publicaciones más recientes que integran documentación desclasificada, investigaciones judiciales y nuevos testimonios. Los panelistas destacaron la importancia de estos trabajos para comprender la estructura represiva del período, las cadenas de mando involucradas y la evolución de la búsqueda de justicia por parte de familiares y organizaciones sociales.


Uno de los ejes centrales del debate fue la persistencia de vacíos documentales. Investigadores presentes señalaron que, pese al avance de diversas causas judiciales, muchos archivos militares y policiales continúan inaccesibles o incompletos. Este obstáculo, afirmaron, limita la capacidad de reconstruir con precisión lo ocurrido y, por tanto, de alcanzar conclusiones definitivas sobre responsabilidades y participación de actores estatales. La apertura de estos archivos fue mencionada como una necesidad pendiente que atraviesa no solo este caso, sino buena parte de la investigación sobre desapariciones forzadas en Uruguay.


También se discutió el rol de la producción cultural —documentales, obras teatrales, narrativa y materiales pedagógicos— que ha contribuido a mantener vigente la memoria de Quinteros y acercar su historia a nuevas generaciones. Los expositores valoraron que, en paralelo a la bibliografía más académica o jurídica, estos formatos han permitido instalar el tema en el espacio público y generar nuevas preguntas sobre el deber de memoria.

Autoridades de la embajada resaltaron que el conversatorio se enmarca en un ciclo más amplio de iniciativas orientadas a profundizar la reflexión sobre derechos humanos y sobre el papel que la misión diplomática venezolana desempeñó en 1976. Recalcaron que, para Venezuela, el caso sigue siendo un recordatorio del compromiso histórico con el derecho de asilo, un principio que consideraron fundamental en la política exterior de ese país.


La actividad cerró con un intercambio de conversaciones descontracturadas  en el que asistentes y panelistas coincidieron en la necesidad de seguir consolidando y ampliando la bibliografía sobre Quinteros, no solo por su valor historiográfico, sino también por su importancia para los procesos contemporáneos de verdad, justicia y memoria. El ordenamiento sistemático de las fuentes existentes —señalaron— permite avanzar en una comprensión más completa del episodio y contribuye a evitar que su significado se diluya con el paso del tiempo.

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